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viernes, 6 de marzo de 2009

The Middle

Tengo mucho en mente y mucho trabajo, pero me gana un poco el cansancio. A veces no entiendo cómo funciona ésto... esto de la vida, digo. De pronto hace sentido y luego no. Sigo preguntándome ¿qué es más importante? Las cosas que quiero para mi (o en palabras menos latas: yo) o la gente que quiero en mi vida. Entiendo que la respuesta parece obvia, y que seguramente no sería necesario sacrificar unas por otras, pero... a veces no entiendo cómo. Estoy triste, aunque estoy contenta. En realidad todo está bien, por ahora ¡por fin! Y estoy triste, porque a veces no le veo final. ¿Siempre es esto la vida? ¿Siempre es estarse preguntando cuál es la decisión correcta y que nunca termine hasta que termine? No sé si eso es lo que quiero, pues... una vida en la que todo son decisiones y movimiento y el objetivo se dibuja en el horizonte pero es sólo eso, un objetivo que está allá muy allá y yo estoy muy acá pensando en él y... ¿y luego qué? Las cosas que se dicen de la utopía, siempre dejan sin aliento... pero nunca se dice que la mitad del tiempo, perseguir un sueño es desesperanzador.

Estoy un poco a mitad del camino.
Quisiera, sólo por un momento, que vinieran todos a darme un abrazo y un consejo.
Quisiera diluírme hasta alcanzarlos.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Histérica u obsesiva

Desde hace unos días estoy viviendo en una casa nueva. Desde que la vi me encantó: mi cuarto es perfecto, la casa es grande, tengo una terraza hermosa, un baño enorme, y la casa, a comparación de muchas otras en Bologna, rechinaba de limpia.

Debí haberme imaginado, en el momento que decidí tomar la casa, que si estaba así de limpia quería decir que la limpiaban, y que quizás la persona que lo hiciera sería yo cuando viviera allí. Pero emocionada y con otras cosas en mente, dejé resbalar este detalle. 

El golpe de realidad me tocó ayer en la tarde, cuando una de las dos chavas que viven en la casa (donde por "chava" se entiende una rumena de 35 años que trabaja de "dona de la pulizia" en una familia italiana) me llamó porque era urgente hablar. El motivo era una mínima irregularidad en el brillante color del piso de la cocina; no se puede ni siquiera hablar de una mancha: era más bien una gota de agua que se secó y dejó su huella en una esquina escondida de la cocina. En fin, para mi flatmate rumena esto era absolutamente inaceptable, y me echó todo un discurso sobre la limpieza y cómo debíamos esforzarnos por igual en mantener la casa limpia. Yo me quedé asombrada, porque sobra decir que para mis criterios, yo había sido excesivamente limpia desde que llegué a la casa. Pero las rumenas tienen otros estándares, y me acusó de valemadrista (menefreghista!!!) y escribimos un papelito con nuestros turnos de limpieza. A mí me hizo reír un poco, y hasta me alegró que alguien pensara que soy valemadrista, porque como ustedes saben mi imagen de mí misma es precisamente la contraria.

En fin, todo esto no sería tan malo si mi otra flatmate fuera mínimamente amena. Pero es una alemana con las facciones casi borradas de la inexpresiva que es. La clásica depresiva a la que todo le da igual ,y no es Emo sólo porque tiene 23 años y le tocó otra generación. Como les decía, yo vivo en un palacio reluciente; ella, en cambio, se queja de que la casa es fea, de que es chica, de los muebles, de su cuarto, del clima, del horario de los camiones, de los precios, de la cadencia del italiano (claro: es alemana), de la comida, de sus clases, de su pelo, de absolutamente TODO. 

Aunque sólo estaré aquí un mes y medio, no sé a quién prefiero de las dos. Les pregunto a ustedes, que me conocen como poca gente, a quién creen que aguante mejor, o a quién me debo aliar: a una mujer exsoviética, inflexible, neurótica y con un carácter insoportable, o a una alemana deprimida que no ve ni un rayo de luz en el día...